La pareja el desarrollo de los sentidos

La pareja el desarrollo de los sentidos

La pareja el desarrollo de los sentidos.

La pareja nos brinda la oportunidad de ampliar nuestra experiencia en todos los planos de la vida: familia, sociedad, trabajo, poder personal, y encuentro íntimo. La pareja nos ayuda en el desarrollo de los sentidos en todos estos planos. Ir solo se va muy rápido, pero ir acompañado se llega más lejos.

La vida nos empuja.

A lo largo de la vida tenemos cambios hormonales que nos empujan a realizar experiencias desconocidas. Andar a gatas es el primer desarrollo motor donde el niño aprende a moverse, algo que posteriormente utilizará con los primeros pasos buscando las experiencias que le proporcionan la verticalidad. La vida le empuja.

Las aves se lanzan una primera vez al vacío desde el nido sin saber las consecuencias debido a la energía que le empuja, la vida le empuja.

Esto nos sucede varias veces en la vida. En la pubertad, donde empieza el desarrollo hormonal, en la juventud donde se desarrollan las jerarquías familiares y sociales, en el salto al primer trabajo donde se conocen las jerarquías grupales, y se desarrolla el poder personal, y posteriormente se produce otro salto importante producido por el empuje de la sexualidad, que nos lanza a experiencias que van a marcar nuestra vida. 

Cada uno de estos saltos al vacío se hacen con un cuerpo totalmente diferente, no es el mismo que hace unos años. Las hormonas y sentidos marcan nuevos ritmos, que influyen en la manera de comportarnos, recibiendo las informaciones con los sentidos y expresándonos con un cuerpo que no conocemos.

Los aprendizajes anteriores para afrontar ese mundo nuevo y desconocido que se abre ante nosotros no sirven para nada.

Cada uno de estos cambios se puede realizar de forma natural con el empuje de la vida percibiendo y actuando con inocencia, o mental, con las informaciones que encontramos socialmente, y con las adaptaciones tanto mentales como físicas que hemos realizado a lo largo de los años.

La razón y la percepción.

Hoy en día le enseñamos a los niños a utilizar la razón en cada circunstancia para que resuelva las situaciones. Intentamos que ande en un tacatá “para adelantarle el proceso natural de andar”. Una tablet simula el encuentro social que debería realizar con las experiencias propias con otros niños en el juego. El niño pierde de esta manera muchas de las capacidades de crear, centrándose en aprender mentalmente cómo utilizar la máquina, un proceso que hace con la razón y limita sus aprendizajes corporales.

Mente, actitud y cuerpo aprenden dependiendo de los programas diseñados para él, que supuestamente son para su edad, pero la realidad es que impiden que busquen por sí mismo sus propios juegos donde desarrollar la actitud y el cuerpo.

Los aprendizajes que han realizado los padres y abuelos donde “afortunadamente no había tanta información”, ya no sirven actualmente. Los cinco planos sociales mencionados anteriormente (familia, sociedad, trabajo, poder personal, pareja), han cambiado drásticamente. Todo se valora razonablemente para obtener los objetivos “que supuestamente nos proponen los influencer”, los educadores o las expectativas sociales donde hay leyes que te obligan a educar a tus hijos de una determinada manera.

La razón se alimenta con los filtros que hemos vivido en las situaciones anteriores, y las informaciones que recibimos del medio que nos dicen cómo hay que ser.

Debemos recordar que la razón está al servicio de lo que percibimos, y no al revés, en los casos donde la razón domina y la percepción se anula.

Cuando la razón domina, la percepción de nuestros actos se limita a los patrones aprendidos, por lo que esa energía que nos empuja a hacer cambios y crecer, se limita a hacer siempre lo mismo, obteniendo siempre los mismos resultados.

Haciendo siempre lo mismo se obtienen siempre los mismos resultados.

Vivimos los planos sociales con la razón.

Hemos escrito nuestra historia personal con las “realidades vividas”. La mente tiene recuerdos “razonables” de cada  suceso, dulcificando algunos y dramatizando otros, dependiendo de la memoria guardada. Estas memorias son los filtros con los que vivimos las nuevas experiencias, algo parecido a lo que llamamos prejuicios.

Las memorias de esos filtros se han realizado en la mente, la actitud, y en el cuerpo. La mente guarda “la supuesta realidad” que vivimos en una situación, con una actitud determinada y una expresión corporal condicionada por ella, y el cuerpo guarda la memoria de cómo lo hizo, las tensiones en las funciones físicas, en los sentidos y en los ritmos para mantener esa situación.

Vivimos los planos sociales con las memorias mentales y corporales, actitudes y aptitudes físicas desarrolladas desde la infancia. Cada uno de los cambios que hemos tenido a lo largo de los años, los hemos realizado con las memorias que teníamos anteriormente. Esto supone que los cambios donde la razón ha marcado la dirección, han tenido poca percepción, poca creatividad y por tanto poco desarrollo personal. realizando nuestros actos casi mecánicamente y obteniendo resultados que no terminan de satisfacernos.

Cada situación nueva la vivimos con estos filtros, con las memorias realizadas con una determinada actitud, y los aprendizajes corporales para recibir información o emitir respuestas. 

Por un lado tenemos la supuesta realidad que nos cuenta la razón, por otro, la memoria de la actitud (activa, reactiva o pasiva) aprendida, y por último la capacidad de poder tener una comunicación no verbal que realizamos con el cuerpo,

Estos filtros limitan la percepción. Son memorias que condicionan los sentidos impidiéndonos recibir, o expresar lo que somos. Todo lo que la razón dirija, va a ser difícil que los sentidos perciban otra cosa que los condicionantes que marque la razón.

La pareja nos facilita el desarrollo de los sentidos.

En el plano de pareja hemos aprendido a buscar las experiencias con la razón. Los niños hablan con soltura de la sexualidad con las informaciones que obtienen, algo que les da “derechos razonables” a vivir su vida con la emoción (energía del momento), la idea de lo que piensan, la jerarquía de sus derechos y la actitud activa queriéndolo hacer bien, o reactiva utilizando su jerarquía en contra de las normas establecidas pensando que son originales.

Este proceso que han realizado los jóvenes durante las últimas décadas ha terminado en la decepción, frustración y angustia que se refleja actualmente en los adultos.

Mente – actitud – cuerpo en la pareja contienen memorias que limitan el desarrollo de los sentidos.

La mente tiene cientos de informaciones de lo que debe ser la pareja. La globalidad busca que hombre y mujer sean iguales. Esto es correcto en los planos laborales, pero en los demás planos es absurdo buscar una igualdad mental, corporal o en la actitud. Las hormonas son diferentes, la forma de recibir – procesar – exteriorizar respuestas es absolutamente diferente. Por mucho que queramos que el sol y la luna sean iguales…

El mental con sus razones va a provocar un cierto tipo de actitud y respuestas corporal, o al revés, unas condiciones corporales van a provocar sucesos que analizaremos y justificaremos mentalmente de forma incorrecta.

El mental con los paradigmas que mantiene sobre la pareja, y las memorias de “realidades de encuentros anteriores” provoca que el cuerpo viva las situaciones con tensión, recibiendo las informaciones exteriores de forma distorsionada o incorrecta, y también emitiendo respuestas tensas o insuficientes dependiendo de la actitud.

La pareja es el plano donde se produce el desarrollo de los sentidos, donde la polaridad nos permite vivir una experiencia que por nosotros mismos no podemos vivir.

Las memorias que mantenemos de situaciones anteriores pueden condicionar el encuentro y la convivencia, limitando el crecimiento de ambos.

Mente – actitud – cuerpo pueden condicionar el recibir, dar, compartir, o aceptarse haciéndolo.

La plenitud que se consigue en pareja parte de la inocencia de ambos para vivir las situaciones conjuntamente.

Las adaptaciones que producen las memorias en la mente, actitud y cuerpo, generan tensiones que poco a poco se van convirtiendo en razones que acaban con la pareja. Distorsionan sus posibilidades de comunicación física, mental y espiritual, y el encuentro en los otros planos sociales donde empiezan perdiendo poder personal que se traduce en tensiones en los demás planos, familia, amigos, o trabajo.

El test del Láser para ayudar a recuperar la percepción.

El test del Láser lo podemos utilizar para el crecimiento personal buscando las tensiones que tenemos en nuestra mente, en nuestras actitudes, dinamismos, y en el cuerpo.

La comunicación no verbal con el cuerpo que se realiza con el test del Láser nos revela las tensiones que mantenemos en el encuentro con la pareja. Es muy sencillo valorar las tensiones que mantiene la mente con los distintos paradigmas actuales sobre cómo debe ser la pareja, la actitud y dinamismo con el que nos expresamos y recibimos informaciones del exterior, y las tensiones corporales que mantenemos en el encuentro.

En la pareja podemos utilizar el test del Láser para el desarrollo de los sentidos, buscando las tensiones que se mantienen e impiden recibir o emitir respuestas libres, sin tensión.

Las tensiones mentales en la pareja se pueden valorar buscando cómo son sus encuentros, su forma de relacionarse y la que utilizan en los demás planos sociales.

El conocimiento de estas tensiones es el primer paso para cambiarlas. La comunicación no verbal con el cuerpo nos permite valorar los planos donde tenemos tensión, que tipo de tensión y posibilidades de resolverlas.

Una vez que se conocen estas tensiones, se puede trabajar y buscar mejorarlas:

  • Mentalmente con técnicas de las distintas escuelas emocionales, PNL (programación neurolinguistica), Gestal, Mindfulness, etc.
  • Físicamente con los patrones neurológicos de movimiento, los patrones de los tres cerebros donde están guardadas las informaciones de las adaptaciones producidas a lo largo de la vida.
  • Con las técnicas de diferentes terapias: flores de Bach, recesiones de edad, utilización de neuroprogramación, neurocoordinación, etc.

El test del Láser nos permite valorar las tensiones y la forma de mejorarlas, buscando cómo implementar otros hábitos en nuestra vida que generen menos tensión ante la misma situación, armonizarla con patrones corporales, y posteriormente integrar una nueva forma de elegir ante la situación que generaba tensión.

Jose Luis Godoy Muelas.

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